A SAN ANTONIO

 

¡Oh gloriosos San Antón el diecisiete de enero que si no, no me conoces o tienes por embustero.

Que bien veo que has cambiado de lugar, aquí en el Templo quitaste al altar del Cristo su lugar – un mal ejemplo -.

De junto a la Sacristía que estaba en otro tiempo te has pasado al otro lado donde has encontrado asiento.

Y te ha seguido el de Padua que está sobre ti; el pequeño, que a ti te llaman el Grande porque mayor es tu leño.

Que no es por los milagros que el otro es el milagrero que bien lo cantan las novias también los novios aquellos que al acabarse la guerra casaron, porque volvieron sanos y salvos a casa sanos y salvos al pueblo.

Y al de Padua le ofrecían las novias cirios y rezos porque vinieran sus novios del frente sin los tropiezos que había en aquellos tiempos, tiempos de hambre y de enderezó y no los tiempos de ahora

 

 

 

Que son de paz y aderezos.

Sobre aquel altar de antaño de junto a la Sacristía que estaba lleno de velas todas al otro valían al de Padua, al de los novios al de las cosas perdidas, porque del Antonio, el Grande bien pocos se acordarían, por que entonces los gurriatos de nada nos servirían no había quienes los comprara ni las cuerdas se cubrían; que hacían más falta novios pa las novias que aquí había, tras los tres años de guerra sin bodas ni algarabía. Así que, hoy, de las velas que ponen al lampadario mira si les das su parte al chiquito del armario, al de los novios y novias abogao de perdularios.

Si la memoria te ayuda ¡Oh glorioso San Antón te acordarás de aquel tiempo en que toda relación empezaba más o menos como yo lo digo aquí.

¡Oh glorioso San Antón lo que te vengo a decir, que este burrico que tengo no me lo dejes morir!.

 

 

 

La relación que hoy te echo no va por ese camino, porque te va a echar en cara, si es que a decírtelo atino, todo lo que está pasando sin importarme un comino, si bien o mal te parece que al pan, pan y al vino, vino; que me parece muy mal que te llames a las velas que día a día te ponen y que tú te las camelas cuál si fueran para ti y no son esas candelas sino pa quien las merece; para el Dios de los favores que todo paga con creces, que nos da salud y vida a los hombres y a los peces; a las aves y a los campos; que da manzanas y nueces, que manda en los animales que hace valer los gurriatos pa quien mercados ofrece.

Por que a ti de que te vale tener siempre a la marrana esa que tienes ahí, junto a tu santa peana? Tú te quedaste con ella por no querértela nadie porque fuiste al mercado y como siempre, ya tarde... que no es marrana de cría y nunca a dado gurriatos y si los dio no valían porque andaban muy baratos...

Todo el pueblo de Manzanal esta lleno de marranos más si nadie te los quiere ¿de qué nos sirven hermanos?.

Mira pues, tú San Antón, más que nada por la venta, ¿marranos? es lo que sobra...

Lo que hace falta es su renta, para que no nos quedáramos ni hoy, nunca, ni mañana como te quedaste tú con la tuya en la peana.